sábado, 19 de febrero de 2011

Los que se van "2"

Por error le di al botón equivocado, y no no pude acabar la entrada anterior. Así que, ¡voy a ello!
Me había quedado reconociendo que yo no soy mejor que la suegra de mi hermana; así que mis pensamientos marcharon por otros derroteros.
Pensé que quizá aquella mujer había tenido una difícil infancia. La guerra, la postguerra, las dificultades para sacar adelante cuatro hijos, ..., tantas cosas que le habían podido marcar para siempre, que así, ¿quién podría culparla de sus actos? ¡Sólo Dios, que sabe la Verdad!. Y pienso, que Él no la ha culpado nunca, porque es una hija querida Suya, y sólo ha sabido escusarla constantemente.
Por otra parte, Él, en Su infinita bondad, creo que la ha hecho pequeñita, para que la puerta estrecha del Cielo pueda dejarla entrar sin problemas.
Porque el final de sus días, sin poder dominar esfínteres, sin poder comer más que purés, sin conocer ni a su propio hijo al que adoraba (a su modo), las dificultades en la respiración, ... Tantas cosas que le han ido llevando, poco a poco, a depender totalmente de aquellos a los que hizo daño; y creo que no solo por ella misma, sino por los que sufrieron sus desdenes y otras situaciones desagradables, para que el amor que les costó darle, se transformara en servicio paciente y comprensivo ante una pobre mujer que ya no se valía sola.
Supongo que Dios nos pone a cada uno en nuestro sitio; también a mi me llegará la hora de saldar as deudas, de algún modo, que confío será el mejor que Dios piense para mi. ¡No me cabe la menor duda!

Los que se van

Ayer me dieron la noticia de que la madre de un hermano muy querido (lo llamo así porque es mucho más que amigo) había muerto. Tenía 93 años (creo recordar), y llevaba ya tiempo enferma de Alzheimer.
La conocí a la vez que conocí a su hijo y a su futura nuera. Jamás discutí con ella, y tenía relación conmigo, la normal entre los que estamos caminando juntos intentando seguir las huellas de Cristo.
Pero con quien sí tenía y ha tenido, mientras su mente ha trabajado bien, es con su nuera. Hizo lo posible para que no se celebrara la boda, pues su hijo merecía algo mucho mejor. Dios, en Su sabiduría, no encontró una mujer mejor para él.
Yo empecé a intimar con ella y siempre ha sido una de las hermanas que más me ha ayudado en mi vida. Dios se ha valido de ella muchísimas veces para decirme las cosas que necesitaba escuchar. Su apoyo ha sido siempre incondicional. Si ella me faltara, se que para mí sería una pérdida difícil de encajar.
Pues la madre de él no dudó en ningún momento en hablarme mal de ella, seguramente porque nos veía unidas. Yo siempre defendiéndola. Pero ella seguía siempre con lo mismo.
Y no se reprimía, por respeto, de decirle lo que pensaba (a su nuera), de hacerle el vacío, de juzgarla, ... La cercanía que debería haber tenido con ella, por ser la mujer de su hijo, jamás existió.
Y yo se de las tristezas, las lágrimas, el desánimo, ..., de su nuera, porque fueron, y han sido durante los años muchas, unas de las cosas de las que se desahogaba conmigo. Por supuesto, también se de los intentos, las luchas, las batallas perdidas, ..., de mi hermana querida, por poder amar a su suegra.
Y últimamente, ya hace algún tiempo, ella, su nuera, se ha desvivido de ella, haciendo cosas que son impensables, si se sabe lo que su suegra le ha hecho pasar, atendiéndola en todas sus necesidades.
Y ayer, me dijeron que se había muerto. Y dejé libre a mi mente, recordando todo el mal que había hecho a su nuera, ..., y me salió una pregunta, de la que luego me arrepentí, y le pedí perdón a Dios y a ella.
¿Una persona tan mala, dónde acabará?
Ya digo, me arrepentí enseguida, en cuanto fui capaz de mirarme a mí misma y ver que soy, ya no digo de la misma calaña, sino de una peor. Y espero en el perdón de Dios ante mis pecados, para alcanzar algún día el Cielo y estar en Su presencia siempre.

sábado, 5 de febrero de 2011

Sal, Luz y Fermento

El evangelio del domingo quinto del tiempo ordinario habla, precisamente de la Luz y de la Sal del mundo. Mientras meditaba en él, me han venido a la cabeza unas ideas, que me han ayudado mucho en mi camino de conversión. Dios, una vez y sin merecimiento propio, ha iluminado mi vida, con el fin, creo, de ayudarme a caminar hacia el Cielo.
Mis pensamientos eran los siguientes.
Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida; eso lo dijo Él, y en mi vida he experimentado muchas veces que es la verdad.
Ahora, enlazándolo con la Luz, la Sal y el Fermento, pienso que Su Luz es la que cuando más perdida camino, cuando he seguido mi voluntad y me he alejado de Dios, y se vuelve todo una impenetrable oscuridad, es ella, esa Luz, que es Él, la que ilumina mi vida y descubro dónde esta la Verdad.
Sin la Luz de Cristo, jamás conseguiría caminar en la Verdad; viviría en una mentira constante, alejándome cada vez más de Dios y destruyendo mi vida.
Para el Camino, Jesús me regala la Sal. Porque la sal representa la capacidad de sufrimeinto; la sal se ha de deshacer para que la vida esté llena de sentido. Y el camino de cada día siempre está lleno de "piedras traicioneras", golpes dolorosos, situaciones insoportables de soportar, ..., que sin tener claro que la sal es lo que me ayuda a seguir adelante, caminaría como "viva" siendo que mi vida sería el reflejo de la muerte, de los que viven sin sentido en medio de las tribulaciones de este mundo.
Y, por último, el Fermento, necesrio para que la masa aumente y pueda alimentar al caminante, lo veo en íntima relación con la Vida.
Pero no sólo creo que represente el alimento material, que sí, sino más especialmente el alimento espiritual, el Pan que es el verdadero cuerpo de Cristo, que se entregó y se entrega cada día en la Eucaristía por mi, para que alimentándome con Él mi vida no desfallezca, sino que vaya encaminada en la dirección correcta, la que me llevará a la Vida Eterna.
Bueno, ésto ha sido todo lo que he estado meditando en la Eucaristía.
Desde hace ya muchos años he tenido muy presente lo que Dijo Jesús de si mismo: Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida, porque el Espíritu Santo me ha ido iluminando para descubrir que es cierto. Pero al relacionar estas tres palabras llenas de sentido espiritua con la Sal, la Luz y el Fermento me sentido muy bien, ya que es una ayuda recibida de Dios para que sopese todo lo que me acontezca y tome en peso mi vida.
Espero no haber dicho algún destarifo; la verdad es que soy demasiado pobre como para pensar estas cosas por mi misma. Si no vienen del Espíritu Santo, ¿de dónde vienen?