Hemos ido a la Eucaristía a las seis de la tarde. No éramos demasiados, pero ha sido agradable estar unidos los hermanos. Niños, tampoco había muchos; la gran mayoría de los hijos se han "independizado", viven ya de su propia fe; aún así, han faltados algunos.
Pero el más importante, como siempre, estaba allí. Y, ¡de qué manera! Ya desde la proclamación de las lecturas, ha entrado de lleno en mi corazón, hablándome con la verdad por delante (sólo Él sabe hablar así)
La primera lectura ha sido un retrato de lo que soy; alguien que busca siempre lo mejor para sí misma, que quiere lo que no tiene y, de lo que tiene aún quiere más; bienes materiales tanto como espirituales (me explico: buena fama, prestigio, adulaciones,...)
Un pozo sin fondo, insaciable redomada, acaparadora de todo lo que se le pone delante.
Y, aún podría seguir, pero supongo que quien me lea, es posible que me comprenda; al menos, eso espero.
El evangelio retrata con dulzura el hombre que me gustaría ser, el que carece de todo, el que pide y no se le da nada, el que sólo tendrá una recompensa, pero, la mejor. Porque sólo tiene a Dios, porque vive en Su voluntad y la acepta, sin protestas, dejando que, al menos los perros le laman sus heridas.
Y la segunda lectura, me abre los ojos a la verdad. Y la verdad, para mí se encierra en una frase: "Combate el buen combate de la fe"
La misericordia de Dios conmigo no tiene límites; caigo en tentación, me siento muerta, nada tiene sentido porque he perdido el oriente, ...; pero, ahí, junto a mí, tendiéndome Su mano para sacarme del mar oscuro, Jesús aparece en el momento oportuno.
¿Cómo vivir sin combatir? Jesús mismo me ayuda una y otra vez animándome a estar alerta, por si viene el ladrón y...
¡Qué duro es el combate!, pero, ¡qué malo será mi final si no combato! Desprendida de todo, especialmente de mí, de mis gustos, de mis ilusiones, de mis deseos, ..., de mi egoísmo, viviendo, como el Hermano Rafael, el "Sólo Dios".
Combate de Oración, Limosma, Ayuno. Cada día, sin ceder un milímetro, alejando todo mal pensamiento, todos los que mete sibilinamente el demonio, para destruirme.
De mi corazón hoy sólo sale agradecimiento a Dios, por Su misericordia.
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