Hoy he estado pensando en lo que tantas personas tienen, lo que otras desean, algunas aborrecen, ..., el trabajo.
Por la Biblia se piensa que el tener que trabajar fue el castigo que recibieron nuestros primeros padres por desobedecer a Dios.
¿Es que antes no tenían que trabajar?
Yo pienso que trabajo sería para ellos recoger los frutos de los árboles, para alimentarse ¿no?
Pero, a partir del pecado, debió de serles muy costoso hasta las cosas más normales. Admito que puedo estar equivocada.
Hay trabajos que cansan físicamente, trabajos que lo hacen intelectualmente; trabajos bien remunerados, trabajos mal pagados;trabajos tenidos por muy respetables, trabajos despreciados; ....
Para mí, todo trabajo es importante y respetble en tanto en cuanto se hace lo mejor que se puede, pensando en los demás, poniendo siempre como medida adecuada para ejecutarlo el amor.
Con cincuentaidos años, la mayor parte de ellos he trabajado en mi hogar, siendo esposa, madre y ama de casa. Para muchos, o debiera decir "muchas" eso no es trabajar sino perder el tiempo tontamente. Dedicarse a ello es no realizarse como mujer.
Y yo, me he sentido siempre muy mujer.
Y, ahora, desde hace tres años, que estoy trabajando como maestra de Religión, porque mis hijos no dependen de mí tanto, me doy cuenta que no estoy más realizada que antes. Para mí la "realización" es para toda persona, no sólo para las mujeres, y está muy relacionada con la capacidad de donación, de hacer las cosas pensando en que los demás puedan beneficiarse.
Tan importante me parece el arquitecto como el barrendero, el médico como el albañil, el cartero como el sacerdote,..., porque todos son personas, iguales unas a otras, con la posibilidad de hacer sus trabajos en bien de los demás.
Y para poder realizar un trabajo lleno de ese espíritu de donación, me parece imprescindible vivir un encuentro personal y constante con Jesucristo.
Cuando no vivimos la vida, lo que somos como lo que hacemos, pendientes de Él, teniendo siempre presente lo que haría si estuviese en nuestro lugar, me parece que es casi imposible practicar la donación. Es cierto que siempre nos encontramos con personas muy buenas, pero creo que, aunque ellas no sean conscientes, es Dios quien las ha "tocado" de un modo especial, por el bien de quienes les rodeen a lo largo de su caminar por esta vida.
Yo pido a Dios que me ayude a no olvidar nunca todo esto, pues acabaría siendo una amargada, que viviría siempre haciendo sólo aquello que le remuneraran satisfactoriamente, que buscaría salir siempre beneficiada, sin pensar en el perjuicio que podía causar a los demás, que no haría nada que le reportase sufrimiento añadido, ...
Me gustaría gastarme y desgastarme por amor en cada instante de mi vida, como hizo Jesucristo, mientras compartió con los hombres el mismo caminar que debemos recorrer hasta el día en que lleguemos a nuestra verdadera patria, el Cielo.
Unida a todos en Cristo, me despido
Cuando el trabajo carece de sentido -y el sentido lo da la donación de sí mismo- es una carga insoportable. Es una maldición que cae sobre el hombre como consecuencia de haberse apartado de Dios.
ResponderEliminarEsa ruptura con Dios, lleva a la ruptura con las demás personas, puesto que quien no tiene dentro vida eterna, se repliega sobre sí mismo, se defiende del otro con uñas y dientes y se hace incapaz de donarse.
Y aquí se cierra el círculo: como no sabe darse, el trabajo es sólo una maldición por la que hay que pasar para "ganarse las habichuelas" con el sudor de la frente. Justo lo que dice el Génesis, sólo que no dice habichuelas, sino "pan".
No sucede así con quien vive reconciliado con Dios en Cristo: "no os preocupéis del mañana, qué comeréis, qué beberéis, con qué os vestiréis, que por esas cosa se afanan los gentiles. Vosotros buscad el Reino de Dios y TODO os será dado como añadidura".
Nuestro verdadero trabajo como cristianos es amar y nuestro oficio, rezar. Y eso es lo único que "realiza" al ser humano: vivir para los otros y para el Otro, Dios.
José Sáez.